Incompatibles en la cama

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La incompatibilidad sexual se evidencia cuando no hay acuerdo en gustos, poses, frecuencia y deseo. La mayoría de parejas no trata el problema y prefiere el silencio.

“Nos queremos mucho, pero somos incompatibles en la cama. Incluso nos deseamos. Pero cada vez que nos ponemos calientes comienzan los problemas. Ya me cansé. Soy infiel”, escribe Juan, quien después de algunos meses de convivencia descubrió que su esposa podía ser bella, inteligente y amorosa, pero un témpano en la cama, además de terca e indiferente a sus ruegos.

“El sexo es mecánico, gélido y a la hora que ella lo indica”, dice. “Aguantas o te vas”, le ha dicho. Y él no se puede ir porque la ama. Sin embargo, viene complaciendo su cuerpo con otra y dejando huellas, confiado en que descubrir la verdad llevará a su esposa a transformarse en una mujer atenta y fogosa en la cama. Eso no pasa, o no suele pasar.

El sexo de esta joven pareja es un eterno debate. Pelean por la pose (odian el misionero, pero no se ponen de acuerdo sobre cuál será la mejor postura), discuten porque ella quiere la luz apagada y él la prefiere encendida. Se enojan porque él es bullicioso y ella muda. Cuando intentaron hacerlo en la ducha, resulta que a él le gusta con el agua bien caliente y ella siente que se está quemando.

Él todavía se pregunta por qué no tuvo sexo cuando eran novios. “Viví una ilusión. No se lo recomiendo a nadie”, anota.

No es la primera vez que escribo sobre este tema pero, en el último mes, varias parejas pidieron que tocara el asunto. Se trata de un problema grave que a menudo no se afronta hasta que surge algo tan demoledor como una infidelidad o un ataque de hartazgo y chau, baby.

Eso les pasó a S y a R. Él era “un amor”, delicado y atento en la cama. Ella quería un hombre rudo que, de cuando en cuando, le hiciera sentir que las cosas no eran tan a lo Candy. Y él, nervioso, la acusó cierta vez de puta. Chau baby. Dos años de matrimonio al tacho. Ahora ella, de 27 años, se siente plena con un caballero que “es el justo medio”. Sus amigas le han dicho que está loca. Lo ven tosco y nada atento. Ella cree que ha encontrado a su media naranja.

TE AMO, PERO… Peter Fraenkel, terapeuta de pareja, sostiene que la mayoría de los problemas en la relación están referidos a la falta de sintonía entre ambos. Sintonía y sinfonía sexual, recontra difícil de encontrar, incluso si hay amor. Algunos dicen que el amor lo supera todo y que la fuerza del amor (bla, bla, bla)… pero yo creo que, sin buen sexo, el amor languidece hasta desaparecer o convertirse en algo tan insoportable que mejor de lejos que apretados.

Fraenkel, autor del libro Sync Your Relationship, Save Your Marriage, llama la atención sobre las diferencias en los ritmos diarios para el amor-sexo, así como las prioridades. Las relaciones son más complejas de lo que parecen pero, lamentablemente, ello se descubre solo con la convivencia.

JUNTOS Y NADA ABURRIDOS. No sé cómo lo hacen, pero allí están. La que me lo cuenta es K. “En la cama somos un desastre; sin embargo, nos adoramos. Y hemos decidido seguir, ya tenemos 17 años juntos”, cuenta. Para K, de 45 años, no estaría mal tener un orgasmo espectacular, pero “hay cuestiones más importantes, como el respeto, la admiración, el cariño, y debo decir que no me aburro”. K y su pareja no tienen vergüenza en admitir ante los amigos que en la cama son una nulidad, que nunca se pusieron de acuerdo. “Mi único hijo es un milagro que adoramos”, refiere con los ojos aguados. Y añade: “Quizás en el fondo los dos somos unos asexuales del carajo, por eso nos da igual”.

Yo confieso que envidié a K. Pero, como esta es una columna de sexo, les recomiendo que no se cansen de buscar el ‘justo medio’ o de negociar una relación sexualmente feliz.

Este es un artículo rescatado de mi blog del año 2011. Si te identificas con alguna de las historias narradas en él, no dudes en consultar tus dudas conmigo. Sea cual sea tu situación, mejorarla siempre es posible.